Conflictos socio-ambientales
El otro frente de la guerra en Irán: la crisis ambiental

El otro frente de la guerra en Irán: la crisis ambiental

El conflicto está contaminando los cielos y las vías fluviales de Irán y los expertos advierten que los efectos ambientales del conflicto podrían llegar a extenderse fuera del país.

Además de una crisis humanitaria y una crisis energética mundial, la guerra en Irán está suscitando un gran desastre ambiental. Los ataques israelíes han incendiado depósitos de combustible cerca de Teherán, desatando nubes tóxicas de humo negro sobre la ciudad y provocando escenas apocalípticas. Los residentes informaron sentirse mal inmediatamente después de los ataques. En toda la ciudad, la gente indicaba que le ardían los ojos y algunos reportaron migrañas, mareos y tos. 

Según la BBC , Esmaeil Baqaei, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní, afirmó que los ataques estaban "liberando materiales peligrosos y sustancias tóxicas al aire" que "ponían en peligro vidas a gran escala". Más allá de los efectos inmediatos sobre la salud, la exposición al humo y a la lluvia negra podría tener consecuencias duraderas, como la incidencia de varios tipos de cáncer.

Aguas contaminadas

Es probable que los depósitos de petróleo en llamas también hayan contaminado parte del suministro de agua de Teherán. Tras los ataques, el petróleo derramado se vertió en las alcantarillas y desagües, contaminando los cursos de agua público. 

Desde que comenzó la guerra, al menos cinco buques cisterna han sido alcanzados, entre ellos un barco de 273 metros frente a la costa de Mascate, un buque cisterna con productos químicos en aguas omaníes y un buque cisterna de crudo frente a la costa de Kuwait, provocando derrames de petróleo.

Otra preocupación medioambiental es el ataque a las plantas desalinizadoras, que podría poner en peligro el suministro de agua potable para millones de personas y ha suscitado temores sobre el funcionamiento de infraestructuras críticas. 

Irán ya sufría una crisis hídrica incluso antes de la guerra, provocada en gran medida por el cambio climático, como indica Lisa Friedman en The New York Times. “Los ciclos de sequía son cada vez más frecuentes y severos, y el año pasado se registró uno de los periodos más secos de los últimos 20 años en Irán”, escribe Friedman.

Vivir cerca de una zona de guerra

A medida que el conflicto se prolonga, los residentes cercanos a las zonas de guerras se enfrentan a numerosos riesgos para la salud derivados del conflicto. Pero los efectos podrían extenderse más allá de Irán. Días después de los ataques a los depósitos de petróleo en Teherán, la columna de humo de los incendios se dirigió hacia el este, atravesando Afganistán, China y Rusia, según el Observatorio de Conflictos y Medio Ambiente. 

Además de propagar la contaminación en todo el mundo, el humo en suspensión facilita la acumulación de hollín en altitudes elevadas, lo que podría acelerar el deshielo de los glaciares. Por tanto, se trata de una crisis que va más allá, con consecuencias para los ecosistemas, la vida silvestre y la salud pública. 

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